Una de nuestras memorias más comunes es escuchar alguna vez a nuestros padres quejarse sobre nuestra cama. Al parecer era deber incuestionable el tender las sábanas y hacer la cama cada mañana antes de irnos del cuarto. ¿Cuántas veces no nos reclamaron el hacer la cama hasta que se nos quedó grabado? Sin embargo, la razón siempre era por un tema más estético que práctico.
Hace poco se hizo un descubrimiento un tanto desagradable. Resulta que en nuestras camas, como es de esperarse, habitan cientos de colonias de insectos sumamente pequeños, como los ácaros. Ellos se alimentan de los residuos de piel, cabello y hasta del sudor que encuentran en las sábanas.
El problema radica en que ellos habitan las sábanas, y conforme nos apuramos en vestir las camas, les facilitamos el trabajo. Según las investigaciones realizadas por la comunidad científica, lo mejor es no hacer la cama de súbito, sino mucho después o antes de acostarnos. De esa forma se ventilan más fáciles las camas y disminuye el número de seres indeseados que se alimentan de nuestra piel.
Con algo de educación, podremos cambiar nuestros hábitos para mejor. ¡Quién lo diría! Es mejor que dejemos de hacer nuestra cama tan temprano, no por vagancia, sino por salud.

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